MÉTODOS Y CLAVES PARA LA ELEVACION DE CONCIENCIA “EL MÉTODO CRISTIANO”

EL SIGUIENTE EXTRACTO FUE TOMADO DE EL LIBRO “LAS LLAVES DEL REINO INTERNO”  DE JORGE ADOUM

EL MÉTODO CRISTIANO

El Método Cristiano está resumido en el SERMON DE LA MONTAÑA, que se encuentra en el Evangelio de San Mateo, en los Capítulos V, VI y VII.

CAPÍTULO V. Sermón de Jesucristo en la montaña 1o Y viendo Jesús las gentes, subió a un monte, y después de haberse sentado, se llegaron a él sus

discípulos:

2o Y abriendo su boca, los enseñaba, diciendo:

3o Bienaventurados los pobres de espíritu; porque de ellos es el reino de los cielos.

4o Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra.

5o Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

6o Bienaventurados los que han tenido hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos.

7o Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

8o Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

9o Bienaventurados los pacíficos, porque hijos de Dios serán llamados.

10o Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

11o Bienaventurados sois, cuando os maldijeren, y os persiguieren, y dijeren todo mal contra vosotros, mintiendo por mi causa.

12o Gozáos y alegráos, porque vuestro galardón muy grande es en los cielos; pues así también persiguieron a los profetas, que fueron antes de vosotros.

13o Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No vale ya para nada, sino para ser echada fuera y pisada por los hombres.

14o Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad, que está puesta sobre un monte, no ‘se puede esconder.

15o Ni encienden una antorcha, y la ponen bajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.

16o A este modo ha de brillar vuestra luz, delante de los hombres, para que vean vuestra buenas obras, y den gloria a vuestro Padre, que está en los cielos.

17o No penséis que he venido a abrogar la ley, o los profetas: no he venido a abrogarlos, sino a darles cumplimiento.

18o Porque en verdad os digo, que hasta que pase el cielo y la tierra, no pasará de la ley ni un punto, ni una tilde, sin que todo sea cumplido.

19o Por lo cual quien quebrante uno de estos mandamientos muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas quien hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

20o Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

21o Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y quien matare, obligado quedará a juicio.

22o Mas yo os digo, que todo aquel que se enoja con su hermano, obligado será a juicio. Y quien dijere a su hermano: Raca, obligado será a concilio. Y quien dijere: Insensato, quedará obligado a la gehena del fuego.

23o Por tanto si fueres a ofrecer tu ofrenda al altar, y allí te acordares, que tu hermano tiene alguna cosa contra ti,

24o Deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve primeramente a reconciliarte con tu hermano, y entonces ven a ofrecer tu ofrenda.76 / JORGE ADOUM

25o Acomódate luego con tu contrario, mientras que estás con el en el camino; no sea que tu contrario te entregue al juez y el juez te entregue al ministro, y seas echado en la cárcel.

26o En verdad te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante. 27o Oísteis que fue dicho a los antiguos: No adulterarás.

28o Pues yo os digo, que todo aquel, que pusiere los ojos en una mujer para codiciarla, ya cometió adulterio en su corazón, con ella.

29o Y si tu ojo derecho te sirve de escándalo, sácale, y échale de ti; porque te conviene perder uno de tus miembros, antes que todo tu cuerpo sea arrojado al fuego del infierno.

30o Y si tu mano derecha te sirve de escándalo, córtala, y échala de ti; porque te conviene perder uno de tus miembros, antes que todo tu cuerpo vaya al fuego del infierno.

31o También fue dicho: Cualquiera que repudiare a su mujer, déle carta de repudio. 32o Más yo os digo, que el que repudiare a su mujer, a no ser por causa de fornicación, la hace ser

adúltera; y el que tomare la repudiada, comete adulterio.

33o Además, oísteis que fue dicho a los antiguos: No perjurarás; mas cumplirás al Señor tus juramentos.

34o Pero yo os digo, que de ningún modo juréis, ni por el cielo, porque es el trono de Dios;

35o Ni por tierra, porque es la pana de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del grande Rey;

36o Ni jures por tu cabeza, porque no puedes hacer un cabello blanco, o negro.

37o Mas vuestro hablar sea: Sí, sí; no, no; porque lo que excede de esto, de mal procede.

38o Habéis oído que fue dicho: Ojo por ojo y diente por diente.

39o Mas yo os digo, que no resistáis al mal; antes si alguno te hiere en la mejilla derecha, párale también la otra.

40o Y a aquél que quiere ponerte a pleito, y tomarte la túnica, déjale también la capa. 41o Y al que te precisare a ir cargado mil pasos, ve con el dos mil más. 42o Da al que te pidiere; y al que te quiera pedir prestado, no le vuelvas la espalda. 43o Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.

44o Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que-os aborrecen, y rogad por los que os persiguen y calumnian.

45o Para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos, el cual hace nacer su sol sobre buenos y malos, y llueve sobre justos y pecadores.

46o Porque si amáis a los que os aman ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?

47o Y si saludareis tan solamente a vuestro hermanos, ¿qué hacéis además? ¿No hacen esto mismo los gentiles?

48o Sed pues vosotros perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto. CAPITULO VI. De la oración y del ayuno

1o Mirad que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera, no tendréis galardón de vuestro Padre, que está en los cielos.

2o Y así cuando haces limosna, no hagas tocar la trompeta delante de ti, como los hipócritas hacen en las sinagogas y en las calles, para ser honrados de los hombres. En verdad os digo, recibieron su galardón.

3o Mas tú, cuando haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha. 4o Para que tu limosna sea en oculto, y tu Padre, que ve en lo oculto, te premiará.

5o Y cuando oráis, no seréis como los hipócritas, que aman el orar en pie en las sinagogas y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres. En verdad os digo, recibieron su galardón.

6o Mas tú, cuando orares, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

7o Y cuando orareis, no habléis mucho, como los gentiles; pues piensan, que por mucho hablar serán oídos.

8o Pues no queráis asemejaros a ellos; porque vuestro Padre sabe lo que habéis menester, antes que se lo pidáis.

9o Vosotros pues así habéis de orar: Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

10o Venga el tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

11o Danos hoy nuestro pan supersustancial.

12o Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

13o Y no nos dejes caer en la tentación. Mas líbranos del mal; Amén.

14o Porque si perdonareis a los hombres sus pecados, os perdonará también vuestro Padre celestial, vuestros pecados.

15o Mas si no perdonareis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestros pecados. 16o Y cuando ayunéis, no os pongáis tristes como los hipócritas; porque desfiguran sus rostros, para

hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo, que recibieron su galardón.

17o Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu cara. 18o Para no parecer a los hombres que ayunas, sino solamente a tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te galardonará.

19o No queráis atesorar para vosotros, tesoros en la tierra, donde orín y polilla los consume y en donde ladrones los desentierran y roban.

20o Mas atesorad para vosotros, tesoros en el cielo, en donde no los consume orín ni polilla, y en donde ladrones no los desentierran, ni roban.

21o Porque en donde está tu tesoro, allí está también tu corazón. 22o La antorcha dé tu cuerpo es tu ojo. Si tu ojo fuere sencillo, todo tu cuerpo será luminoso.

23o Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Pues si la lumbre que hay en ti, son tinieblas, ¡cuán grandes serán las mismas tinieblas!

24o Ninguno puede servir a dos señores: porque o aborrecerá al uno, y amará al otro; o al uno seguirá y al otro despreciará. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

25o Por tanto os digo, no andéis afanados para vuestra alma, qué comeréis, ni para vuestro cuerpo qué vestiréis. ¿No es más el alma que la comida y el cuerpo, que el vestido?

26o Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en trojes; y vuestro Padre celestial las alimenta. Pues ¿no sois vosotros mucho más que ellas?

27o ¿Y quién de vosotros discurriendo puede añadir un codo a su estatura? 28o ¿Y por qué andáis acongojados por el vestido? Considerad como crecen los lirios del campo: no

trabajan, ni hilan.

29° Pues yo os digo, que ni Salomón en toda su gloria fue cubierto como uno de éstos.

30o Pues si al heno del campo, que hoy es, y mañana es echado en el horno, Dios viste así; ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!

31o No os acongojéis pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos cubriremos?

32o Porque los gentiles se afanan por estas cosas. Y vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de todas ellas.

33o Buscad pues primeramente el reino de Dios, y su justicia, y todas estas cosas serán añadidas.

34o Y así no andéis cuidadosos por el día de mañana. Porque el día de mañana a sí mismo se traerá su cuidado. Le basta al día su propio afán.

LAS LLAVES DEL REINO INTERNO / 77

78 / JORGE ADOUM

CAPÍTULO VII. El señor condena los juicios temerarios 1o No queráis juzgar, para que no seáis juzgados.

2o Pues con el juicio, con que juzgareis seréis juzgados; y con la medida con que midiereis, os volverán a medir.

3o ¿Por qué pues ves la pajita en el ojo de tu hermano, y no ves la viga en tu ojo? 4o Q ¿cómo dices a tu hermano: Deja, sacaré la pajita de tu ojo, y se está viendo una viga en el tuyo?

5o Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás para sacar la mota del ojo de tu hermano.

6o No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las huellen con sus pies, y revolviéndose contra. vosotros os despedacen.

7o Pedid y se os dará, buscad, hallaréis; llamad y se os abrirá.

8o Porque todo el que pide, recibe; y el que busca halla, y al que llama se le abrirá.

9o O ¿quién de vosotros es el hombre, a quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra?

10o O si le pidiere un pez, ¿por ventura le dará una serpiente?

11o Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos; ¿cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos, dará bienes a los que se lo pidan?

12o Y así todo lo que queréis que los hombres hagan con vosotros, haciendo también vosotros con ellos. Porque ésta es la ley y los profetas.

13o Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por él.

14o ¡Qué angosta es la puerta, y qué estrecho el camino, que lleva a la vida, y pocos son, los que atinan con él!

15o Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, y dentro son lobos robadores.

16o Por sus frutos los conoceréis. ¿Por ventura cogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17o Así todo árbol bueno, lleva buenos frutos; y el mal árbol lleva malos frutos. 18o No puede el árbol bueno llevar malos frutos, ni el árbol malo llevar buenos frutos. 19o Todo árbol que no lleva buen fruto, será cortado, y metido en el fuego.

20o Así pues, por los frutos de ellos los conoceréis. 21o No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la

voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ese entrará en el reino de los cielos.

22o Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿pues no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?

23o Y entonces yo les diré claramente: Nunca os conocí, apartaos de mí, los que obráis la iniquidad. 24o Pues todo aquel que oye estas, mis palabras, y las cumple, comparado será a un varón sabio,

que edificó su casa sobre la peña.

25o Que descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron impetuosamente en aquella casa, y no cayó; porque estaba cimentada sobre peña.

26o Y todo el que oye estas, mis palabras, y no las cumple, semejante será a un hombre loco que edificó su casa sobre arena.

27o Que descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron impetuosamente sobre aquella casa, y cayó, y fue su ruina grande.

28o Y sucedió, que cuando Jesús hubo acabado estos discursos, se maravillaban las gentes de sus doctrinas.

29o Porque los enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas de ellos y los fariseos.


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